Reseñas poéticas de Ana Rosa Bustamante


diane dihaze




ISIDORA VICENCIO A. 


Escucho el silencio


de mi cuerpo apegado al suelo 
sobretodo cuando late o sangra,

mi vientre gime al empuñarse de odio

 

Escucho a la bestia que me habita, cuando la sangre toca el suelo

la carne se transmuta

 

Canto el canto de las aves vuelvo a estar en la delgada línea

 

¿Dónde está ese bosque nuestro lleno de criaturas indomables?

¿Dónde está la lluvia de su tiempo, el tronco descompuesto

del árbol caído?

La postura silenciosa, el vacío

de lo que se hace a sí mismo

 

Fotografía una ventana el poema invocador

el cuerpo intuye

 

¿Dónde todo eso?

 

Los elementos se aproximan y se alejan

porciones de materia y masa helándose tránsito deforme de la sombra

dentro de otra sombra

 

El espejo adecuado

absorbe y desvía las dos naturalezas de la luz:

Un signo de la puerta de otra casa el pasillo de una posibilidad levemente conocida

 

Madre,


es el mundo equivocado

y aunque te pida que dejes de parirme olvidaré que así lo quise

 

Regresaré por el sendero del abismo


 

 

RESEÑA DE OFICIO DE MUERTE DE ISIDORA VICENCIO

La vida que me habita y no llamé, no quise que esta indiferencia sangrara por mi cuerpo me dijera que en mi vientre gime al empuñarse el odio.  Una vida no comprendida ni cuidada con prolijidad.

Cada metamorfosis doliente y transgresora al hablante le arranca de un zarpazo cada luz que se enciende en llamas entre esa oscuridad dejada y el chispazo de una vida más clara, intentando seguir hacia lo que quizás sea un abismo más terrorífico que una parición no deseada.

Cuál criatura poderosa se adhirió en su interior y sus tentáculos le recogen otras voces dueñas de ella.

La delgada línea está entre el movimiento y la inercia, inspiración y expiración,  como el viento mueve a la lluvia en un chaparrón que agrede a la carne con la solicitud suave de una naturaleza que es huraña cuando no cuaja la sangre como granizo violenta venas y arterias al trigo.

No hay retoño para el muro frío y húmedo.   El musgo lleva años, toda tropelía está ahí en cada ocasión grandiosa, pero vacía.

Canto el canto de las aves vuelvo a estar en la delgada línea, dice la autora,  hay temblor en  cada oración desconfiada.

¿Dónde está ese bosque nuestro lleno de criaturas indomables?

Esa fuerza que dicen que dijeron, y no la tengo. 

¿Dónde está la lluvia de su tiempo, el tronco descompuesto

del árbol caído? Dónde la sabiduría de ti, que en tus ojos infinitos no hay infinitud como me contaron, se deprime aún más la autora.  

Fotografía una ventana el poema invocador

el cuerpo intuye­-  no tiene el nombre de quien la imagen delata ni la que busca la soledad para callarse eternamente, y tampoco tiene palabras para decirle su desprecio, pues tampoco hay desprecio. 

¿Dónde todo eso?

Los elementos se aproximan y se alejan

porciones de materia y masa helándose tránsito deforme de la sombra

dentro de otra sombra-

vuelve una y otra vez la autora a la misma vicisitud de la sangre brotada y abyecta sobre aquellos que la sostienen y la adormecen para curarla.

El espejo adecuado- absorbe y desvía las dos naturalezas de la luz:

El espejo poderoso de una hembra acuñadora y protectora que no supo sacar garras ni besar.

Cada cual depende de la otra, no hay luz sin oscuridad, ni oscuridad sin luz.

Un signo de la puerta de otra casa el pasillo de una posibilidad levemente conocida.

Ella mira a otra mujer, a la tejedora de sus lamas estilando para que no la desconozca.  No quiso amamantarla ni la acunó porque también ella fue ignorada como la brizna de la mesa que adornaba mal o ensuciaba una gran cena a la que no asistió.

 

Madre,

es el mundo equivocado

y aunque te pida que dejes de parirme olvidaré que así lo quise-

dice la autora nuevamente con los mismos gestos y la esperanza de reencontrarla como la cuna que nunca hizo y volverá por si acaso se despeja la tristeza ajena de una mujer que no alcanza a redimirse, que tampoco vuelve por el sendero de un abismo, porque allí habita y no sabe que las sombras son solo sombras que se miran falsamente desde adentro y el afuera es un sendero imaginado mientras sangra.

Por eso dice

Regresaré por el sendero del abismo, siempre en futuro. 


ANA ROSA BUSTAMANTE M.  




        rosa castillo


KIRA MALDONADO



BAHIA DESOLADA Busco mi cuerpo antiguo ese que caminaba por las calles con la certeza de estar vivo

Hay lugares en donde el aire respira en mis pulmones

El tiempo entonces no mastica mis huesos Somos él y yo de la misma naturaleza: permanente impenetrable 

A veces el tiempo está allí solo mirándome entonces me consumo sin sentido soy un cuerpo que pasa sin Historia 

A veces este cuerpo va tras el himno de viejas vibraciones entonces sufre y se enferma 

Y cuando logra entrar en el Universo el espacio y el tiempo son mis hermanos 

SOY en ellos y los ojos de un pez 

SOY la hoja SOY en todas las cosas.



RESEÑA SOBRE EL POEMA BAHÍA DESOLADA DE KIRA MALDONADO.

 

 

BAHIA DESOLADA

 

Busco mi cuerpo antiguo

ese que caminaba por las calles

con la certeza de estar vivo.

La hablante va detrás de ese cuerpo que camina por las calles

con la certeza del que vive hoy libre.

La hablante tuvo su realidad definitiva ansiada por los caminos

donde su cuerpo marchaba anhelante y alborotada, ha pasado el tiempo

y lo recuerda   como recordamos todos el pasado de una pasión cuando ya raya el romanticismo,  y llamo a Cavafis :

 

Ahora que todo ya al pasado pertenece,

parece como si a aquellos deseos

te hubiera entregado —qué destellos,

recuerda, en los ojos que te miraban;

cómo temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo.

 

y nos quedamos en la transparencia de las imágenes   su voz clara su ritmo tranquilo, pero certero que se desliza en la cadencia como un presente para llamar a ese pasado “todo tiempo pasado fue mejor”  dixit el poeta.

 

Hay lugares en donde el aire

respira en mis pulmones

la ahogan la quieren desaparecer se asfixia

porque los elementos de la naturaleza que dan vida

parecen instarnos al suicidio.

El tiempo entonces

no mastica mis huesos

porque

no delira ni estremece no hay incertidumbre

solo el cuerpo manifestándose bajo estrellas y astros

que nada tienen que ver ahora.

 

Somos él y yo de la misma naturaleza:

permanente

impenetrable

La hablante no sumerge sus versos en lugares milagrosos ni extraños, es delicadamente traducible en sus vestigios adolescentes del cuerpo que no olvida y se manifiesta al recordar cual dijera Cavafis.

 

A veces el tiempo está allí solo mirándome

como el tiempo fuera el vigilante impávido e indestructible

echándotelo en cara

entonces me consumo sin sentido

porque el cuerpo lo hace todo concreto objetivo ya no va envuelto

en esos páramos y barrancos ni flores

porque la memoria suele ser fría y risueña

va la carne sintiendo y la razón hablando

soy un cuerpo que pasa sin Historia

A veces este cuerpo

va tras el himno de viejas vibraciones

que ya no son nuestras y fluyen con su escaso jugo

 

entonces sufre y se enferma

Y cuando logra entrar en el Universo

el espacio y el tiempo

 

son mis hermanos

 

SOY en ellos y los ojos de un pez

SOY la hoja

SOY en todas las cosas.

 

¿Quién eres hoy que han pasado los años?

Y el cuerpo,  lo que recordamos.



ANA ROSA BUSTAMANTE M.




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