Maha Vial



    Lo que escribo ahora sobre Maha Vial se encuentra fuera del lugar de la crítica literaria, para la cual ya existe gran calidad de trabajos realizados por comprometidos estudios de literatura situada en la zona sur como los de Sergio Mansilla, Yanko González, Ana Traverso y mi amigo Francisco Ferrer, quien realizó un estudio en profundidad dirigido a la obra de Maha. Ella comenzó a publicar poesía con su ópera prima “La cuerda floja” en el '85, a los 30 años. Su trabajo artístico no se enmarcó exclusivamente al campo de la escritura, se desenvolvía en el teatro, la performance y, más adelante incluyó a la música. Las presentaciones de sus obras artísticas eran en sí mismas un hiato extravagante en medio de la realidad cotidiana. Un golpe de impresión que no dejó espectador inadvertido. Yo tuve la oportunidad de conocer a la Maha consagrada como artista Valdiviana y pude formar parte de aquella audiencia receptora de su vibrante ímpetu creador. Es a esto a lo que me quiero referir. Porque lo que más me llamaba la atención de Maha, incluso más que su impresionante personaje ante la audiencia y su desplante confiado a la sabiduría del delirio, era su incesante búsqueda de libertad creativa, la consagración de su existencia a la realización de sus ideas y pulsos poiéticos. Su protesta era siempre por la libertad y sus creaciones buscaban el flujo del agua que se desborda cuando se atrapa, ella vivió para crear y hoy vive a través de sus creaciones.

Los artistas son almas que se encarnan en actos de incesante erotismo con las inquietudes que devienen de su propia naturaleza, cuya vitalidad depende de mantener nutrida la imaginación y cuyo vivir se vuelve insoportable si la expresión se ve impedida. Dar cuerda a la existencia de algo que antes no estaba, es el mandato del alma creadora que se entrega a este profundo deseo hecho de sombras. Una forma de vida es vivir para el acto creativo. Maha se entregó a este pacto con una fidelidad rabiosa y es justamente ese concepto el que resulta ser el más admirable de su hacer. La mente repleta de ideas y el cuerpo inquieto por el acto. El cuerpo inquieto por hacer. Para muchos, lo llamativo fue su personalidad desvergonzada y se engañaron con esa vista simple de lo que viene a encajar en el molde del “artista”. Se equivocan. Maha es mujer con mirada niña, una mirada buscando materiales para el juego de la realidad, probando una y otra vez las combinatorias posibles que le permitieran expresar esa pulsión para la cual pactó el tiempo de su cuerpo, cuidando intensamente despojarse de los miedos que pudieran ocultarse para boicotear esa tarea. Mirábase la entraña expuesta para encontrarse detallando el retrato pudoroso de lo humano y esa valentía nunca vino de una máscara, sino de un eje de pulsión vital que mantenía el sentido de su búsqueda. La obra de Maha Vial es la prueba de la independencia honesta, de un hacer sincero y cuyos frutos hablan sin necesidad de intermediarios.

                                                                                                                    Por Isidora Vicencio 


 







Comentarios

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  2. Abrir los ojos, desprejuiciar oidos, acuciosamente asomar a la poética de Maha Vial ofrece la poeta Isidora Vicencio en este perfil de la Maha con que propongo seguir leyendo las rutas de la poesía del Sur. Gracias Isi.

    24 de julio de 2022, 8:33

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